img_1477

La niñez no es eterna

  Autor:  Fernanda López Mendiolea

El próximo 30 de abril celebramos a los niños, cabe preguntarnos ¿en cuántos festejos que has ido con tus hijos, sobrinos, amigos, entre otros, has visto niños con discapacidad?

No es porque no quieran ir, o porque no “puedan” festejar como los demás, es porque la convivencia no se fomenta desde los entornos más cercanos, la familia, y la escuela, no se trata de una acción aislada, sino de reconocer que los beneficios de la inclusión son para todos.

Sin embargo al hablar de la discapacidad intelectual, es necesario decir, que no se puede festejar el día del niño eternamente, porque como todos los seres humanos, crecen y se convierten en adolescentes y en adultos y tienen la necesidad y el derecho de vivir estas etapas como los demás, eso es parte de la inclusión, reconociéndolos por lo que son.

En ese mismo sentido, en muchas ocasiones cuando hablamos con familias con miembros con discapacidad, mencionan ” tengo un niño o una niña con discapacidad” y en el momento que preguntamos su edad, responden “mi niño tiene 17 o mi niña tiene 23 años”.

Vale la pena reflexionar, si realmente los padres consideran “niños o niñas” a sus hijos e hijas, a pesar de que ya son adolescentes o adultos;  la realidad es que si, y lo dicen en el mejor sentido, en muchas ocasiones, realmente se comportan como niños pequeños y en diversos momentos, el desconocimiento les lleva a tener en casa un chico o una chica que no tiene límites y que no cuenta con las habilidades socio-adaptativas correspondientes a su edad.

Por ello, es indispensable que sepamos que las personas con discapacidad, como cualquier otra persona, tienen sentimientos, emociones y sensaciones; por ejemplo no son personas asexuadas y se enamoran como cualquiera, la única diferencia es que requieren que se les enseñe de forma práctica todo lo que tenga que ver con lo social, también necesitan tener las herramientas adecuadas para enfrentar situaciones de convivencia y mostrarles frecuentemente la manera correcta de comportarse en cada lugar o situación.

Cada uno de nosotros podemos ser parte de la inclusión,  dejando de verles como niñas y niños, si no lo son, dirigiéndonos a ellos de manera natural, interactuando  como lo harías con cualquier otra persona, es importante reiterar, que no debemos dirigirnos a un chico o una chica como si fuera un niño pequeño, es importante darle su lugar, dignificarlo.

El paternalismo, asistencialismo y las ayudas innecesarias convierten a las personas con discapacidad en individuos con poca motivación y con comportamientos inadecuados, esto conlleva a que su inclusión sea más complicada; sin embargo si la familia y el entorno  respeta las etapas de desarrollo y apoya a la persona con discapacidad intelectual, en la toma de sus propias decisiones, es entonces cuando pueden ejercer sus derechos, ciudadanos y electorales, tener amistades, estudiar, prepararse para ser autosuficientes, tener un trabajo digno, por mencionar algunos.

Por eso es muy importante que también conozcan sus derechos, eso es parte de reconocerles como jóvenes y no como niños eternos, para que como todas las personas, tengan la posibilidad de desarrollarse plenamente en su juventud y posteriormente en su vida adulta.

Debemos reconocerles y garantizarles estos derechos, para que tengan las mismas oportunidades y finalmente lograr la inclusión que muchas veces pareciera una utopía, pero, si creamos una cultura de apoyo que brinde facilitadores y no imponga barreras lograremos ser una sociedad con el progreso  que queremos.

Respetar las etapas del desarrollo de cada persona, es fundamental para la vida, sin importar si tiene o no discapacidad, ya que eso permite que se identifiquen como son, en este caso como jóvenes, que puedan asumir el rol que tienen, que está vinculado por ejemplo con la forma de vestir y con actitudes.

La actitud está compuesta por pensamiento, emociones y conductas, es decir,  por las creencias, por lo que se siente físicamente y por las acciones, los jóvenes con discapacidad tienen que poder pensar, sentirse y actuar como tal y esa formación se da durante toda la vida.

Como parte de la sociedad, podemos contribuir a esto, no aceptando comportamientos inadecuados para su edad, de lo contrario hacemos daño, es importante no subestimarlos, no asumir que no entienden, lo mejor es dirigirte a ellos de manera auténtica, como lo haces cotidianamente con los demás.

Es necesario que sepamos que tienen la capacidad de comportarse de acuerdo a su edad, por lo tanto pueden: tener pareja, salir en la noche, ir a fiestas, tener un trabajo y conservarlo, manejar dinero, ir a un restaurante, tener una conversación de diferentes temas, por mencionar algunas de las muchas cosas que como adolescentes y posteriormente como adultos pueden hacer.

Todas las personas pasamos por las mismas etapas de desarrollo del ser humano sin importar la condición física, mental o sensorial que tengamos y por ello todas, esperamos ser tratadas, que se nos reconozca, respete y tome en cuenta de acuerdo a nuestra edad.

Las personas con discapacidad intelectual, quieren y tienen el derecho de gozar de lo mismo que las demás, reconocerlas y fomentar que puedan lograrlo, es algo que todos podemos hacer, incluyéndolas y dándoles el lugar que les corresponde, como jóvenes y como adultos, como parte activa y muy importante de la sociedad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *