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“En el mar la inclusión es más sabrosa”

  Autor:  Fernanda López Mendiolea

La recreación es un derecho humano y la mayoría de las personas esperan el verano para disfrutar de la familia y amistades, las playas son el principal destino para vacacionar, así que mucha gente acudirá a disfrutar del sol, de la arena y del mar que México tiene para ofrecer tanto al turismo nacional como al extranjero.

Sin embargo, las personas con discapacidad o movilidad reducida tienen que sortear una serie de situaciones para estar ahí, ya que la mayoría de las playas en nuestro país no tiene las condiciones necesarias para recibirles.

A pesar de ello, el que las personas con discapacidad o movilidad reducida puedan disfrutar de estos espacios, es algo posible, en distintas partes del mundo existen casos donde algunas ciudades han hecho las adecuaciones necesarias para ser playas inclusivas.

En Chile por ejemplo existen 23, no es el único país y desde hace unos años los estados de Quintana Roo y Jalisco han apostado por tener playas inclusivas, invirtiendo para que todas las personas sin importar su condición puedan tomar el sol y meterse al mar.

Es importante decir que una playa inclusiva es aquella que está adaptada para que las personas con discapacidad puedan disfrutar de ella, por ejemplo poniendo rampas para sillas de ruedas, señalización para personas con ceguera y cuentan con lo que se denomina como “mobiliario anfibio”, que son objetos adaptados para que puedan estar de manera segura en mar, como sillas de ruedas acuáticas, camastros acuáticos, chalecos salvavidas y andaderas acuáticas para que puedan disfrutar del mar con la seguridad adecuada.

Estos espacios de inclusión turística se encuentran en Playa del Carmen tiene tres en Solidaridad y Cihuatlán, Jalisco tiene una, Bahía de Cuescomates, cabe mencionar que todas son playas públicas.

Las vacaciones es una cuestión de familia, sin duda es muy importante disfrutar del tiempo a solas y hacer viajes es un momento para ello, sin embargo en la mayoría de los casos, vamos con familia y amigos y en el caso de las personas con discapacidad, muchas veces sólo se quedan viendo, son espectadores de cómo se divierten otras personas, porque no existen las instalaciones adecuadas para que puedan ser parte de la diversión.

¿Cuántas personas con discapacidad no han disfrutado del mar? Y quizá no por falta de oportunidades, sino porque no pueden acceder y aunque el tema del que hablamos es discapacidad, al abordar la accesibilidad y movilidad reducida, también incluye a las personas de la tercera edad y a quiénes por enfermedad o accidente de manera temporal, tienen que utilizar andaderas o muletas y para ir a la playa tienen obstáculos.

En este sentido, es necesario decir que no es una cuestión únicamente de infraestructura, sino como en todo lo que tiene ver con la inclusión social, también se trata de concientizar a la sociedad, de respetar los espacios, no usándolos si no lo necesitamos, no dañarlos y de que la humanidad es diversa y que aunque todas las personas seamos diferentes, todas, también, tenemos el derecho de divertirnos.

La canción dice: “en el mar la vida es más sabrosa”, yo agrego: “y la inclusión también”, porque la recreación es parte de los derechos humanos, así como de la inclusión social, a la que todos podemos contribuir, para que la gente sin importar su condición conozca y disfrute de las maravillas que tenemos en nuestros litorales mexicanos.

Garantizar la seguridad y la accesibilidad en igualdad de condiciones a las playas para todas las personas es un tema de políticas públicas que siguen teniendo pendiente los gobiernos y la sociedad, hay mucho que hacer en el tema para que las playas inclusivas sean más y la gente con discapacidad pueda disfrutarlas como cualquier otra persona y si no va, o se mete al mar, que sea, porque no quiere o no le gusta y no porque sea peligroso o porque no pueda.

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